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ROMANOS - El Señor es nuestra Justicia
Estudios en la Epístola de Pablo a los Romanos
El comienzo: Salutación, agradecimiento a Dios y énfasis sobre “la Justicia de Dios”, como lema de su Epístola (Romanos 1:1-17)

b) El deseo de Pablo desde hace mucho tiempo de visitar la iglesia de Roma (Romanos 1:8-15)


ROMANOS 1:8-12
8 Primeramente, doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo. 9 Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones, 10 rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros. 11 Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; 12 esto es para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.

Pablo había oído mucho acerca de la iglesia de Roma, había conocido a algunos de sus miembros durante sus viajes misioneros, y había encontrado que su fe era verdadera, viva y madura. Daba sinceras gracias a Dios por este milagro, pues, cada cristiano vivo es un milagro de la reconciliación en Cristo, cuya existencia requiere que demos gracias a Dios. Siempre que encontremos un grupo que sirve a Dios y al Hijo en el Espíritu Santo, hemos de adorar al Padre, alabarle y regocijarnos en él día y noche.

Pablo se refería a Dios como “mi Dios” como si fuera posesión suya. Sabía que su alma estaba atada a él por un nuevo pacto, y le amaba sinceramente. Pero a pesar de su relación cercana con él, no oraba a Dios en su propio nombre, sino en el nombre de Cristo, sabiendo que todas nuestras peticiones, y aun nuestra gratitud no pueden ser presentados al Dios glorioso por nuestro propio merito. Todo acto de derramar nuestros corazones a Dios necesita el poder purificador de la sangre de Cristo. Solo por medio de esta purificación podemos orar a Dios, quien nos da su Espíritu para que podamos santificar su nombre paternal y adorarle gozosamente. Para él todos sus siervos son santos, y le pertenecen como esclavos de su amor.

El contenido de su servicio es el Evangelio. Nos damos cuenta de que Pablo, en el primer versículo de esta epístola, refiere al evangelio como “el evangelio de Dios”, mientras en el versículo 9 leemos “el evangelio de su Hijo”. Por este término quiere decir que las buenas nuevas divinas de salvación dependen de la esencia del Hijo de Dios. Todas las ambiciones de Pablo giran alrededor de la filialidad del Hijo y la paternidad del Padre. El que niega a propósito este evangelio y rehúsa conscientemente creerlo es maldito.

Pablo vivía en intima comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Invocó a las tres personas de la Santa Trinidad como testigos de que siempre tenía presente la iglesia de Roma en sus pensamientos y que constantemente oraba por ella. A pesar de sus muchos compromisos, el apóstol a las naciones no se olvidaba de las iglesias y también oraba fielmente por creyentes individuales. Nadie puede ser un fiel pastor o ministro lleno del poder del Espíritu Santo si no es por medio de la oración que persevera. Dónde se observa qué poder sale de una persona: la explicación tiene que ser el amor, la oración y un ardiente deseo para con Dios y los hombres.

Pablo había anhelado visitar a Roma durante años, sobre todo en el periodo que llama “ahora”, es decir, durante su estancia de ministerio en Asia Menor, Macedona y Grecia. Vio que había llegado la hora de visitar a Roma.

Pero no decidió realizar su viaje según sus propios deseos y planes. Siempre tuvo cuidado de conformarse a la voluntad de Dios, tomando en cuenta el hecho de que nuestra propia planificación, sin conformarnos a la voluntad de Dios, conduce a fracaso, sufrimiento, y problemas. Pablo no era preso de sus propios deseos y anhelos, sino que programaba todo bajo la dirección de su Padre celestial.

Esta sumisión, no obstante, no anuló su deseo ardiente de visitar la iglesia de Roma, lugar donde nunca había estado. Estaba consciente de que estaba lleno del Espíritu Santo. Era como un volcán en erupción, arrojando el poder de Dios en todas direcciones, y, por lo tanto, quería conseguir que la iglesia romana fuese colaboradora suya bajo la autoridad que Cristo le había concedido, para que la iglesia pudiese ser avivada, preparada para servir, y establecida en amor, fe, y esperanza viva. Este es el propósito principal del ministerio y la meta principal de los Hechos de los Apóstoles, que los creyentes fuesen establecidos y fortalecidos en la fe.

Pablo no quiso entrar en Roma como el gran dador, sino todo lo contrario: se humilló grandemente, y escribió que no venía solamente para dar, sino también para recibir por medio de oír y ver a los creyentes de allí. Lo hizo para experimentar lo que Dios mismo había hecho sin él, a los creyentes de la capital, para que él pudiese ser consolado juntamente con todos los apóstoles a través del testimonio del Consolador divino en los santos de Roma.

Pablo también testificó de antemano que no venía con una fe distinta, puesto que la misma creencia, conocimiento y poder trabajan en todos los verdaderos cristianos, quienes son miembros del cuerpo espiritual de Cristo. Todo aquel que pretende que hay más de una iglesia es mentiroso, porque el Santo Espíritu es uno, Cristo es uno, y el Padre es uno. Por donde quiere que creyentes fieles se reúnan, se reúnen como hijos de un solo Padre, aunque no se conocían antes. Se regocijan grandemente, y se reúnen unidos como nacidos del mismo Espíritu, miembros de la misma familia, y unidos en los mismos principios e intereses.

ORACIÓN: Te adoramos, O Padre, porque reúnes a tu iglesia a través del mundo entero, la estableces, y la llenas con tus características. Enséñanos a orar por nuestros hermanos en todas partes. Gracias por todos tus hijos fieles, porque cado uno nacido de tu Espíritu Santo es un milagro. Abre nuestros ojos para que podamos amarnos y entendernos los unos a los otros, y regocijarnos juntos en tu presencia. Danos sabiduría y perdón para que nuestra comunidad pueda prosperar y ser guardada en tu verdad, y para que no nos apartemos de la comunión contigo, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

PREGUNTA:

  1. ¿Por qué daba gracias Pablo en todo tiempo?

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