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ROMANOS - El Señor es nuestra Justicia
Estudios en la Epístola de Pablo a los Romanos
El comienzo: Salutación, agradecimiento a Dios y énfasis sobre “la Justicia de Dios”, como lema de su Epístola (Romanos 1:1-17)

b) El deseo de Pablo desde hace mucho tiempo de visitar la iglesia de Roma (Romanos 1:8-15)


ROMANOS 1:13-15
13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto a ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entro vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles. 14 A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. 15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma”

En su epístola, Pablo abre su corazón a la gente de la iglesia de Roma. Les dice que muchas veces se había propuesto ir a visitarles, pero que Dios había interrumpido todos sus planes. El gran apóstol tuvo que aprender temprano que los pensamientos de Dios no son sus pensamientos y que los caminos de Dios están más altos que los suyos, como los cielos son más altos que la tierra. El Espíritu de Cristo le estorbó de llevar a cabo sus planes, aun cuando le parecían útiles, buenos y santos. Es más, cuando la oportunidad a viajar le parecía favorable, Dios no le permitió ir.

No obstante, Pablo deseaba de todo corazón predicar la palabra a todo el mundo. Mantuvo el deseo a lo largo de su vida de establecer el reino de Dios en Roma y en otras naciones. No quería edificar solo a individuos, sino a naciones enteras, porque confiaba en la bendición de Cristo que trabajaba en él. Había visto a su glorioso Señor, y estaba convencido de que todo el mundo le pertenece al Rey de reyes, y de que su victoria estaba asegurada.

El apóstol a las Naciones se consideraba deudor a todos los hombres, no porque tomaba dinero de ellos, sino porque Dios había entregado su autoridad y poder a él. Estaba, por lo tanto, bajo la obligación de encomendar tal poder y autoridad a los escogidos en Cristo. De hecho, todos vivimos hoy en base a los dones que Dios entregó a Pablo, quien, por medio de sus epístolas, nos hace participes de su poder. Por esto entendemos que nosotros somos deudores vuestros, como vosotros sois deudores a toda la gente que os rodea, porque el Espíritu que obra en nosotros no es nuestra exclusiva posesión, sino que está dispuesto a vivir en los corazones de muchos.

Pablo trabajaba entre las clases educadas de los griegos, y el Señor estableció su ministerio por medio de la debilidad de Pablo. Él fundó iglesias en las islas griegas que dan al Mediterráneo. Cuando se escribió esta epístola, tuvo la intención de trabajar entre los bárbaros en Francia, España, y Alemania. Estaba deseoso de proclamar a todo el mundo las buenas nuevas que Dios tuvo un Hijo quien nos redimió en la cruz. En su devoción intensa y ardiente, el apóstol a las Naciones era como un cohete preparado a despegar. Recibió para que pudiese comunicar aquello que había recibido. En su amor por los bárbaros, quería ganar la atención de los romanos para que ellos le acompañasen y tomasen parte en predicar a las naciones. Así quería predicar a los creyentes en Roma para que ellos, a su vez, llegasen a ser predicadores; porque el haber recibido la salvación crea en el que es salvo la obligación de llevar el mensaje de salvación a otros. Pablo se fijó en Roma como centro y punto de arranque para predicar al mundo entero.

Pero Dios contestó las oraciones de su apóstol de manera distinta. No envió a su embajador directamente a Roma, más bien le hizo volver a Jerusalén para ser arrestado y encarcelado. Después de largos años dolorosos Pablo llegó a la capital encadenado, encarcelado, esclavo de Cristo. Sin embargo, el poder de Dios no se había apagado en él. Aun en cadenas predicó al mundo entero por medio de su epístola a los romanos, que todavía predica a las gentes y naciones del mundo en el día de hoy.

Ahora nosotros, que somos los nietos de aquellos bárbaros a los cuales Pablo quería predicar, con gozo extendemos el evangelio de Dios tal como fue encomendado a Pablo en aquel tiempo. Puede ser que no pasó por la mente de Pablo que su epístola a los romanos es la realización de su deseo de predicar a las naciones. No hay otro libro, excepto el evangelio de Juan, que ha cambiado el mundo como esta epístola que fue escrita con muchas oraciones y gemidos del Espíritu.

ORACIÓN: O Señor, tú eres el Rey, y tu guías a tus siervos según tu voluntad. Perdónanos si procuramos cualquier cosa que no esté conforme a tu voluntad. Sujétanos totalmente a tu dirección para que no corramos fuera del plan de tu amor, sino que obedezcamos las órdenes de tu Espíritu y llevemos a cabo tus deseos con gozo, aún si van en contra de nuestros deseos. O Señor, tu camino es santo y nos rendimos a tu providencia. Te damos gracias porque no nos permites caer de tu misericordia.

PREGUNTA:

  1. ¿Cómo, y con qué frecuencia, impidió Dios que Pablo llevase a cabo sus planes particulares?

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