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COLOSENSES - Cristo en vosotros, la esperanza de gloria
Meditaciones acerca de la epístola del apóstol Pablo a la iglesia en Colosas

Parte 4 - El nuevo estilo de vida (Colosenses 3:18 - 4:1)

21. Hijos y padres en las diferentes épocas (Colosenses 3:20-21)


COLOSENSES 3:20-21
20 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. 21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.

“¡Dios no tiene nietos, solamente hijos!” escribió un evangelista. En el caso que los padres se entregaron a Cristo, no quiere decir que también sus hijos van a creer en Jesús. Con seguridad la bendición de los padres y abuelos hace su efecto en los hijos, pero si ellos no se deciden personalmente por Jesús, las herencias biológicas de padres y abuelos tendrán su efecto tanto positivo como negativo, mucho más de lo que nos guste. Por eso la educación de nuestros hijos requiere mucha paciencia, oración, amor y misericordia de nosotros.

Hoy día se educa a los niños, ya desde el jardín de infantes a ser independientes. Algunos planes educativos tienen la intención de liberarlos del espíritu de sumisión bajo cualquier autoridad, como si no fueran responsables, ni ante Dios ni ante los hombres. Las indeseables influencias ambientales marcan a los niños más de lo que somos conscientes. La televisión llena su subconciente con inadecuados imágenes y espíritus impuros de tal forma, que el espíritu de rebeldía se arraiga en ellos. Por esta razón debemos tener mucha paciencia, oración , amor y misericordia.

El ejemplo de los padres marca a los niños mucho más que todas las enseñanzas y experiencias. Si los padres se aman y se comunican sabiamente delante de sus hijos, se formarán en ellos modelos para su futuro. Pero si los padres delante de los niños se pelean y utilizan palabras hirientes, en las almas de los hijos se producen irritaciones y heridas. Jesús dijo: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. 7 ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” (Mateo 18:6-7).

Si los hijos llegan a la pubertad y su capacidad sexual se despierta, ellos empiezan a distanciarse, independizarse e intentan encontrar su Yo. Si están integrados en un grupo de jóvenes cristianos con fundamentos bíblicos, esto puede ayudarles en su desarrollo. Pero si en la escuela se les explica la práctica sexual de los adultos, inclusive el orgasmo de la mujer, mostrándoles también métodos anticonceptivos, puede causar como un shock en algunos, y en la seducción a buscar contactos prematuros. Los padres deberían mirar cuidadosamente los manuales de los niños antes de la enseñanza, para preparlos a lo inevitable.

La obediencia de los hijos se basa en el amor y la sinceridad de los padres. En el caso que un niño o adolescente miente, roba o hace otra cosa incorrecta, debería, después de una amable conversación, recibir un castigo adecuado, aunque la moderna legislación prohibe cada vez más el castigo a los niños. En su subconciencia un niño sabe que lo malo tiene que recibir castigo. Pero este castigo no se debe aplicar con ira o enojo.

En el caso que un niño o joven conoce a Jesús, cree en él y le ama, y sus padres no pertenecen a los seguidores de Cristo y le prohiben su nueva fe, el niño o joven debe obedecer a Dios antes que a los hombres. El tiene que aprender a callarse, mientras es menor de edad, orar por sus padres y servirles, para que vean y perciban su amor, verdad y pureza. Si fuera posible una hija menor de edad no se debería permitir forzarla a casarse , sino pedir a Dios protección y guía. Jóvenes probados bajo estas condiciones, necesitan de una forma muy especial, nuestra intercesión y acompañamiento. Ellos aman a sus padres en el amor de Dios aún más que antes, pero tienen que cosechar dureza, odio e ira. Esto es más de lo que pueden sobrellevar, por eso necesitan una iglesia que ora y que los acompaña.

La relación que mantienen el padre y la madre entre ellos, marca, guía y consuela a los hijos en sus etapas de desarrollo. Pero si los padres se pelean, se distancian y se odian y llegan hasta el divorcio, provoca una dolorosa rotura en el desarrollo de sus hijos, que puede llevarles a una tensión nerviosa de ansiedad,que durará toda su vida. Hoy día un tercio o más de los jóvenes casados se divorcian. En algunos países sucede incluso que uno de los cónyuges cambia de religión, si su iglesia no permite el divorcio. El divorcio al fin de cuentas, es el fruto amargo de falta de fe, falta de abnegación y de una elección del cónyuge antibíblica.

ORACIÓN: Padre celestial, te agradecemos que a muchos seguidores de tu Hijo les has confiado que tengan hijos en sus matrimonios. Perdónales, si no entienden las dificultades de sus hijos en este tiempo moderno y ateo, y que exigen demasiado de ellos. Ayuda a padres e hijos que se puedan amar sinceramente, y que vivan bajo la guía del Espíritu de Jesucristo. Concédenos también maestros temerosos de Dios en las escuelas y grupos de jóvenes. Amén.

PREGUNTA:

  1. ¿Cómo deberían vivir niños y jóvenes en nuestro tiempo moderno, si conocen a Jesús y le aman?

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