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COLOSENSES - Cristo en vosotros, la esperanza de gloria
Meditaciones acerca de la epístola del apóstol Pablo a la iglesia en Colosas

Parte 4 - El nuevo estilo de vida (Colosenses 3:18 - 4:1)

20. La posición de la mujer y del hombre en la familia (Colosenses 3:18-19)


COLOSENSES 3:18
18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

El que conoce algo de las leyes de religiones y estados, sabe que uno de los temas más importantes en cualquier cultura son los problemas y derechos de hombre y mujer en su familia y en su lugar de trabajo. En varios países se puede hablar de una guerra privada entre los dos géneros. Nadie se quiere someter, sino cada uno quiere ser libre y elegir lo que quiere hacer y lo que deben hacer los demás.

En los últimos días, incluso el anticristo será guiado durante un tiempo, por la ramera atractiva, llamada “Babilonia”, hasta que ella, con un sólo golpe, será destruída (Apocalipsis 13:1-19:4).


Apéndice 2 – Reglas para el hombre y la mujer en el matrimonio según el Antiguo y Nuevo Testamento


Pablo, como era soltero, no quería dar soluciones propias para las relaciones tan cargadas de tensiones entre el hombre y la mujer, sino las buscaba según el informe de la creación. El denominaba sus indicaciones indirectamente como orden fundamental del Creador en un mundo tan revuelto. El que quiere entender las palabras precisas del apóstol, debería leer con todo cuidado los primeros capítulos de la Biblia, meditar sobre ellos y vivir de acuerdo a eso, si quiere encontrar paz y fuerza para sí mismo ysu familia.

En Génesis 1:27 se nos dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. El Creador ha creado tanto al hombre como a la mujer según su imagen. Los dos deben ser de la misma forma, reflejos de su amor y su santidad. Esto aclara que Dios mismo no es ni hombre ni mujer, según el entendimiento biológico de este aspecto, sino mucho más, Dios es Espíritu, luz y amor (Juan 4:24; 1.Juan 1:5;4:16). Esto explica de qué manera el hombre y la mujer deben ser imagen de Dios.

Además leemos en Génesis 1:28: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

El hombre y la mujer, después de ser bendecidos por Dios, recibieron la tarea de llenar la tierra con sus descendientes, sojuzgar la naturaleza y gobernar sobre los animales y las plantas. Esta descripción de trabajo implica que el potencial sexual del hombre y de la mujer es un don de la gracia de Dios desde el paraíso, mientras tanto los dos usan este potencial con responsabilidad dentro del matrimonio. Ellos están dignificados en propagar creativamente la vida que les fue confiada. En la evaluación de estos principios de la creación leemos: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Con esto el Creador describe la maravillosa existencia del hombre y de la mujer como muy bueno (Génesis 1:31).

Al seguir con el informe de creación encontramos detalles acerca del desarrollo de la relación entre el hombre y la mujer. “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. ... 15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:7.15-17).

El hombre, creado por Dios, el Señor, como ser viviente recibió la tarea de labrar y guardar el jardín del paraíso, mientras no comiera del árbol de “la ciencia del bien y del mal”.

El hombre conocía a Dios su Creador como “el bueno”. Pero si quería conocer también “al malo”, y abrirse a él, tendría que morir (Génesis 2:7-17), pues la muerte es la paga del pecado (Romanos 6:23).

Seguimos leyendo en Génesis 2:18: „Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. Este excitante texto declara que ningún hombre es perfecto, sino que necesita una ayuda, que esté cerca de él y lo complemente. Ningún hombre puede engendrar hijos por sí mismo. Sin mujeres hoy no existiría la humanidad. Por eso la mujer es irreemplazable. A veces se la denomina „la mejor mitad”. Ella también es la persona de contacto de su esposo, que comparte y lleva con ella, su alegría y pena.

Esta profunda palabra de Dios en Génesis 2:18 contiene también un claro límite del matrimonio. El Señor dice que el hombre necesita una ayuda idónea y no dos o tres o cuatro, como en muchas religiones se atreven a interpretar este texto. Si un hombre se tomara dos o más mujeres, atacaría la voluntad de Dios y comete adulterio (Sure al-Nisa’ 4,3).

En Génesis 2:22 leemos acerca de la creación de la mujer: “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Génesis 2:22-25).

La creación de la mujer se denomina en la Biblia como un perfeccionamiento del hombre. El Señor hizo de la “costilla” del hombre una mujer que tenía otro cabello, otras caderas y un bondadoso equipamiento para ser madre. Ella presenta un perfeccionamiento del hombre, que cuida la vida, es muy sensible, con más sentimientos y más pragmática que su esposo, el cual hace bien escuchar su consejo. A veces ella puede percibir una realidad mucho más allá de lo que se pueda imaginar.

En Génesis 2:23 leemos: “Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada”.

Adán estaba entusiasmado por su mujer, estaba totalmente enamorado de ella y la denominó varona, teniendo los mismos derechos que él. Ella, a sus ojos, no estaba más alto ni más bajo que él, sino que concordaba con él en su manera de ser, en su carne y sus huesos. Ella era y es su espejo palpable y pareja ideal. Algunos rabinos enseñan que Dios no creó a la mujer del pie de Adán, para que no la pisoteara, ni de un hueso de su cabeza, para que ella no se enseñoreara de él y lo gobernara, sino de su costilla, para que estuviera con él, al mismo nivel y que siempre lo acompañara.

Después de esta entusiasmada exclamación de Adán explica la Biblia: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24).

En miles de libros y películas se trató de demostrar esa frase llena de energía , como una dramática historia de amor. Pero un amor auténtico entre representantes de los dos géneros es mucho más profundo que lo que los psicólogos puedan explicar o empresas puedan aprovechar para su propaganda. También el amor erótico, según su origen, tiene poder paradisíaco, que a pesar de la caída del hombre en el pecado, tiene inmenso resplandor y poder unificante.

Lamentablemente en varias culturas, el matrimonio joven está involucrado en la familia del varón, de este modo disfrutan la protección del clan, pero la joven esposa tiene que someterse a su suegra, y entonces una unión creciente de los jóvenes cónyuges es casi imposible. Muchas familias deberían arrepentirse en estos aspectos, y dar libertad a sus hijos, para que ellos edifiquen su casa solos, y les agrade visitar a sus padres, para ayudarles y honrarles.

Respecto a la unión sexual del matrimonio, no se refiere sólo al privilegio paradisíaco corporal, lo que se debe ejercitar con cuidado y respeto, sino que implica al mismo tiempo, la unión emocional e intelectual de los dos. Un matrimonio a pesar de las tensiones y diferencias es una unidad y el fundamento de una cultura sana. Al cuestionar esa unidad por otras religiones o ideologías, se reconocerá el intento de un espíritu ateo para destruir el orden de creación.

La Biblia valientemente testifica que en el principio, los cónyuges jóvenes estaban desnudos, y no se avergonzaban, pues Dios mismo los había unido. Si el matrimonio fue preparado por Dios, y la pareja se une, hay esperanza de paz y armonía, como también para un crecimiento en amor y para su progresiva perfección al pasar el tiempo.

La Biblia es sobria. Ella describe la caída en pecado del matrimonio por la astuta tentación de Satanás. El quizo romper el matrimonio de ambos y matar a dos imágenes de Dios. La palabra matrimonio describe el secreto de una feliz unión: El Señor mantiene a los dos egoístas juntos por su amor y su perdón. En realidad un matrimonio sano no consiste sólo en dos personas, sino en tres, porque el Señor en su gracia se ha involucrado en su pacto. Satanás quizo conmover la confianza de los dos en su Señor y de este modo destruir su matrimonio.

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; 3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. 4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; 5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. 6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Génesis 3:1-6).

Satanás intentaba progresivamente poner en duda primero , la confianza de Eva en la bondad y el amor de Dios, su Creador. Adán le había explicado anteriormente que no debía comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, pues traería como resultado, su muerte. (Génesis 3:2-3). Pero Satanás declaró que esto no era cierto, y que Dios era egoísta y mentiroso. Ellos no morirían si comían de ese árbol, sino que serían igual a Dios teniendo todo el conocimiento y gobierno.

Muchas veces se describe esta caída en pecado como el primer contacto matrimonial de Adán y Eva. Esa es una equivocación primitiva. En esa tentación no tenía que ver ni amor ni sexo, sino el conocimiento de Dios, “el bueno” y de Satanás, “el malo”. Los dos recién casados habían conocido a Dios, su Creador, como el bueno. Satanás, sin embargo, quería que ellos se abrieran también a su espíritu, su astucia, su mentira y su codicia de ser como Dios, y que no entendieran solamente lo que es lo malo, sino que ellos mismos fueran malos.

El malo, como Jesús describe al diablo (Mateo 6:13), no se dirigía al crítico e intelectual Adán, sino a Eva, la sensible y confiada. Aparentemente ella no tenía el don de discernimiento, y en ella creció el anhelo de tener una sabiduría amplia, como el malo le había engañosamente descripto. Jesús lo denominaba el padre de mentira y asesino desde el principio (Juan 8:44).

La mujer se abrió a las mentiras del mal espíritu, y creyó que el Creador era egoísta, mentiroso y engañador, pero quizo ser sabia e inteligente como el Todopoderoso. Ella codiciando el fruto prohibido, lo tomó, comió de él, y se lo dio también a su esposo, que había llegado, para que compartiera con ella del nuevo conocimiento y responsabilidad. El la escuchó y quizo también probar las revelaciones de Satanás y se dejó seducir por su mujer.

Después que los dos confiaron en Satanás y desconfiaron a Dios, se les abrieron sus ojos. Reconocieron en seguida su desnudez. La caída espiritual, lejos de Dios, cargó y corrompió también sus capacidades físicas. Ellos se escondieron de Dios que venía hacia ellos y le temieron.

„9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. 11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árból de que yo te mandé no comieses? 12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:9-12).

Cuando el Señor llamó a Adán y a su mujer para que salieran de su escondite y Adán se dio cuenta de su error de haber comido del fruto prohibido, entonces traicionó el hombre a su mujer, e indirectamente culpó a Dios de haberle dado una mujer que lo sedujera.

“13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. 14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. 15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:13-15).

La mujer al haber sido preguntada por Dios, del porqué hizo esto, tampoco confesó su culpa, sino que acusó a la serpiente de haberla engañada. Esta, como la suma de la maldad, fue maldecida a una vida miserable. Además le fue profetizada, que la simiente de la mujer tendría la autoridad de herirle la cabeza, pero la serpiente la mataría con su veneno. En estas palabras de sentencia del Señor, no se habla de un descendiente de Adán, sino del singular descendiente de la mujer que destruiría la maldad original. Sin el prometido descendiente de la mujer, que era engendrado del Espíritu de Dios, no existiría ninguna redención del poder de Satanás.

“16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”.

El castigo de la mujer y su protección de la seducción satánica contiene la doble sentencia de Dios: Su embarazo sería acompañado de sufrimientos y con dolores daría a luz a sus hijos. La reacción de las mujeres a la sentencia de Dios en el presente, significa tragar píldoras anticonceptivas o abortar miles de embriones. Esta rebelión de las mujeres contra la palabra de Dios, la convierte en participante de un progresivo asesinato en masa, que en Alemania considera anualmente 300 000 abortos y en la India , como 40 Millones.

Además dijo Dios a la mujer que ella ya no podría llevar sola a cabo su vida, sino que anhelaría a su esposo. Aquel, en cambio, no sería siempre amable con ella, sino que la dominaría (Efesios 5:23; 1.Timoteo 2:12). Esta ordenanza de Dios es la razón de la guerra privada entre los géneros.

Jesús no repitió estas palabras sentenciales del Antiguo Testamento ni las aprobó. En realidad las venció al decir: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13: 34-35). Esta palabra básica de Jesucristo en su nuevo mandamiento no vale solamente para la iglesia, sino también para el matrimonio de creyentes. En Cristo la obligación y la carga del matrimonio es influyente y aliviada.

El hombre alentado por el amor de Jesús, no dominará a su mujer, ni la someterá u obligará , ni la golpeará hasta que le obedezca en forma sumisa, como se lo describe en Sure al Nisa’ 4,34, sino que la amará, honrará, aprenderá a entenderla, compartirá con ella las cargas, la bendecirá y le servirá. Pablo escribe: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. 33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:25-33). Por eso la mujer se debe someter a su marido, reconociendo el amor de Cristo, pero el hombre se debe sacrificar por la mujer y la madre de sus hijos, así como Jesús se sacrificó por su iglesia. ¿Qué será más fácil, someterse o sacrificarse?

El sometimiento de la esposa bajo su esposo no es una amarga obligación, pues Jesús también se sometió voluntariamente a su Padre, porque lo amaba y confiaba en él. En sus oraciones en el jardín de Getsemaní Jesús manifestaba que su sujeción al Padre, causaba en él, una lucha existencial de vida y muerte. Sin embargo se humilló incondicionalmente bajo la voluntad de su Padre y ganó la completísima victoria de la historia (Mateo 26:38-44). Al comienzo de su tarea ya había testificado: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34). A sus discípulos les revelaba confiadamente su carácter y les exhortaba a hacer lo mismo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:29-30). El verdadero amor se somete al amado, sin muchas palabras. Esto se sobreentiende, mientras que el amor de Dios gobierne los corazones. Aquí se demuestra también el misterio de la santa Trinidad. Jesús se sometió a la voluntad de su Padre. También el Espíritu Santo no se glorifica a sí mismo, sino a Jesús. Por eso el Padre ha entregado a su Hijo toda potestad en el cielo y en la tierra; el Cordero de Dios permite al Espíritu Santo edificar la iglesia, su cuerpo espiritual. Todo esto acontece en completa armonía, mutua sujeción, confianza y amor.

La comprensión de la humilde Trinidad nos ayuda también a entender la exhortación de Pablo a la mujer: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24).

El que piensa en este texto, encontrará en el versículo anterior la expresión revolucionaria: “Someteos unos a otros en el temor de Dios”. Esta frase exige aún antes de las obligaciones específicas para el hombre y la mujer, que los dos se sometan mutuamente en el amor de Cristo. El cristianismo es una religión de humildad, tanto para hombres como también para mujeres. Por medio de esta conducta básica se puede entender bien todas las exigencias del apóstol.

Si el amor de Dios no está derramado en los corazones de los cónyuges, la ordenanza espiritual de la creación podría llegar a ser una carga amarga. Si los dos cónyuges se enojan entre ellos y se rechazan mutuamente, aún hay un camino de reconciliación y perdón. En una tribu africana , el método de reconciliación, sucede cuando el más considerado de los dos peleados empieza a decir: “¡Yo soy un tonto, yo me equivoqué!” Entonces el otro también debería decir: “¡También yo soy un tonto, yo también me equivoqué!” El más entendido de los dos dice entonces: “¡Yo soy el (o la) más tonto! ¡Yo me equivoqué en forma mayor! ¡Perdóname!” A lo que el otro debería decir: „¡Yo también necesito toda una canasta llena de perdón!” Después los dos se pueden nuevamente abrazar y besar. El auténtico amor se humilla profundamente.

En los países modernos industriales se reconoce a la mujer según los principios socialistas a la misma altura que el hombre. Se la emplea en fábricas, áreas de administración, o en la política, incluso en el ejército, para que sea “igual” al hombre. De esta manera ella gana su propio sueldo, y ya no depende económicamente de su esposo. En muchos estados, desde hace un siglo, las mujeres reciben la misma educación que los varones. Esto es deseable y muy importante. Pero si la mujer ya no puede ser madre en primera instancia, se la obliga a involucrarse en el estrés de la profesión, por lo tanto, se debilita y se rompe la familia. A los niños se les encierra en jardines de infantes triviales o socialistas, escuelas diurnas o internados, donde se desarrollan sin el amor de sus padres.

Además hoy en día, el estándar de vida de muchas familias es tan alto, que el sueldo del marido ya no alcanza para cubrir los gastos y exigencias de todos los miembros de la familia, así que no queda otro camino, que la mujer salga a trabajar. Esto lleva a la destrucción de la cultura y a la falta de sentido de vida de la juventud.

En estos profundos cambios de la manera de vivir, deberíamos pensar muy en serio en las recomendaciones y exhortaciones del apóstol Pablo, orar acerca de esto y practicarlas. La respuesta la encontraremos en el mandato de Cristo: “¡Amense unos a otros como yo les amé, sea lo que fuere la consecuencia!”

ORACIÓN: Padre celestial, te agradecemos por las ordenanzas de la creación, y que diste una ayuda idónea al lado del hombre y les otorgaste a los dos a propagar la vida que les confiaste. Ayuda a que los “casados en el nombre de Jesús” se amen de corazón, se sirvan mutuamente, se complementen y se sometan uno al otro en la humildad y mansedumbre de Cristo. Perdona los muchos abortos y divorcios en nuestros días, y haz que los matrimonios en el Espíritu de Jesús sean pequeños paraísos. Amén.

PREGUNTA:

  1. ¿Cuáles versículos de la Biblia, que describen la relación entre hombre y mujer, te parecen los más importantes?

(Fin del apéndice 2)

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