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COLOSENSES - Cristo en vosotros, la esperanza de gloria
Meditaciones acerca de la epístola del apóstol Pablo a la iglesia en Colosas

Parte 3 - ¿Cómo está tu vida de resurrección? (Colosenses 3:1-17)

19. ¿Qué haces tú por Cristo? (Colosenses 3:17)


Pablo termina esta introducción de su ética de la iglesia con una frase de resumen que destruye por completo nuestra autosuficiencia, pero al mismo tiempo nos une mucho más a Jesús:

COLOSENSES 3:17
17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

¿Qué haces cada día y cada noche? ¿Qué esperas hacer en las vacaciones de verano o en tu futuro? ¿Qué hablas tu en el transcurso de una semana? ¿Cómo reaccionarías si todas tus palabras habladas durante el pasado mes se publicaran y todos pudieran discutir acerca de ellas?

Con esta exigencia, que todas nuestras palabras y hechos debían ser un servicio para Dios, Pablo nos impone una carga casi imposible de cumplir. Sin embargo, justamente eso es el misterio de un creyente, puesto que vive “en Cristo”, que ya no vive ni trabaja para sí mismo, sino para su amado Señor y le sirve con todas sus palabras y hechos.

¿Qué significa esto para una ama de casa en la cocina, en el baño y en la huerta? Ella no sirve solamente a su esposo y a sus hijos con su trabajo diario, sino a Jesús y educa a sus hijos no sólo para alcanzar un elevado nivel de vida, sino les hace conocer a Jesús.

¿Qué significa para un alumno o estudiante en el auditorio, en su habitación o en su tiempo libre? No estudia sólo para sí mismo y su futura familia, sino para Jesús y será guiado por el Espíritu de Jesús a vencer en su corazón doctrinas ateas o materialistas y elevar para sí y los demás un concepto del mundo espiritual, que tiene valores eternos. Lo que es para él de valor y especial, es la palabra del Señor: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas (lo demás) os serán añadidas” (Mateo 6:33)

¿Qué significa esta enorme exigencia apostólica para cada obrero, empleado o jefe en su lugar de trabajo? El compañero de trabajo o colaborador tendría que ser más importante para él, que la máquina en la que está trabajando, o el producto que está elaborando. Su tarea tendría que ser hecha con toda atención y exactitud, no destruyendo el medio ambiente, sino protegiéndolo. La salud, el lugar de trabajo, el salario y la obra social finalmente son un regalo de Jesús para él.

Cada persona debería pensar, cómo debo cambiar mis palabras y trabajos, mi colaboración en la iglesia y mis quehaceres en el tiempo libre, si en todo momento con palabras y hechos quiero servir a Jesús. ¿Lo queremos realmente hacer, o nos limitamos a nuestros cultos dominicales y algunas otras ocasiones? ¿No es tiempo de arrepentirnos, y pedir al Señor, que nos ayude a vivir para él, hablar de él, así como él vivió a favor nuestro, murió y resucitó de los muertos? Pablo nos llama a todos, pero en especial a los santos y amados, a un arrepentimiento profundo, para que en el futuro no nos ocupemos sólo de nosotros mismos, sino del Cordero de Dios, que se sacrificó por nosotros.

Jesús prueba hasta lo más profundo, todos nuestros servicios sociales y evangelísticos. El anteriormente nos dijo , cómo nos probará en el día del juicio, lo que hicimos para él y lo que no hicimos para él (Mateo 25:31-46) El menciona a los hambrientos, a cuales les dimos de comer o no les dimos nada. El nombra a los sedientos, cuya sed hemos saciado o no hemos saciado. El nos recuerda si hemos recibido o no a los extranjeros e inmigrantes. El habla de los que están deficientemente vestidos, y si les hemos dado algo para cubrirse o no. El menciona a los enfermos, quienes esperan a alguna persona que hable con ellos y ore por ellos. ¿Cuándo fue la última vez que te tomaste tiempo y trataste con amor a uno de ellos y oraste por ellos, o no lo hiciste? Jesús incluso nombra a los criminales en la cárcel que son marginados por los demás. ¿Quién los ama y los evangeliza, o nunca pensaste en ellos? Jesús se identifica con los necesitados, enfermos, despreciados, culpables y desesperados. Si quieres servir a Jesús, ¡sirve a ellos!

Pero no comiences con entusiasmo o por propio impulso, un servicio así, sin pedirle a tu Señor y Salvador que te guíe por medio de su Espíritu,a cada persona que espera tus palabras y servicios. No puedes servir a Dios por tus propios méritos, sino él te sirve primero, para que le puedas servir. Servir a Dios significa primeramente, que Dios te salva y te santifica, para que puedas llegar a ser un sabio y misericordioso siervo para otros, sintiendo el dolor de la situación de perdición de ellos, como Dios sintió el dolor de la situación tuya.

Quizá Pablo quería recordarnos también con estas palabras excitantes, que con su mandato, nuestros hechos y palabras sirvan para la honra de Jesús, se refiere también a nuestra lucha contra el pecado y al mismo tiempo, la pureza de nuestras palabras. Su mandato apostólico implica la exigencia de nuestra misericordia y empatía en la iglesia y el perdón mutuo, hasta alcanzar el vínculo de perfección y que ayudemos

para que en la iglesia se mantenga la unidad de la paz. ¿Qué hacemos realmente para Jesús en nuestra iglesia? Lo más evidente es la intercesión y el agradecimiento por todos los miembros. Al que pide servicios a Jesús, él se los mostrará.

El misionero a las naciones sabía que los creyentes con sus mejores propósitos fácilmente se enfrían, fracasan y se vuelven arrogantes. Por eso les escribió que hagan todas sus actividades en el nombre del Señor Jesús. El nombre de Jesús es el decisivo poder soberano en el mundo oculto. Este nombre es el refugio donde perduramos y podemos vencer. El éxito no es nuestro, sino la victoria de Jesús en el Gólgota que impulsó a su Padre concederle todo el poder en el cielo y en la tierra. Por eso los demonios temen el nombre del Señor Jesús.

Algunos creyentes testifican que experimentaron brechas en el reino de Dios. Algunos de ellos mandan a poderes atacantes y seductivos a desaparecer y no regresar “en el nombre del Señor Jesús”. El nombre de Jesús se encuentra 975 veces en el Nuevo Testamento y es la palabra más importante de sus 27 libros. ¿Conocemos realmente a Jesús?

Pablo aún no terminaba sus palabras transformadoras de nuestra existencia, sino exhorta a los colosenses en su carta, que deben agradecer a Dios el Padre por medio de su Hijo Jesucristo. Aquí nuevamente brilla el nombre paterno de Dios en sus palabras. Como ya lo hicimos al comienzo de esta epístola, queremos señalar nuevamente que Jesús menciona al Padre 200 veces en sus discursos en el Nuevo Testamento. El Hijo lo nombró “mi Padre” (59 veces), y habló respetuosamente de “el Padre” (80 veces), en sus oraciones lo nombró “Padre” (10 veces) y lo aclaró referiéndose a sus discípulos como “vuestro Padre” (21 veces) o “tu Padre” (5 veces). El el Padre Nuestro se unió con nosotros, personas que fracasamos tantas veces, y nos recomendó nombrar a su propio Padre, el todopoderoso Creador del cielo y la tierra, “nuestro Padre”.

Nuestro Padre celestial nos ha adoptado y nos reconoce como sus legítimos hijos, por nuestra fe en la justificación jurídica por la muerte expiatoria de Jesús. Desde el derramamiento del Espíritu Santo y el nuevo nacimiento espiritual de los discípulos de Jesús llegamos a ser también existencialmente hijos de Dios, que por los factores hereditarios de su Padre son santificados, protegidos y motivados. Sin embargo este misterio se realiza sólo a través de nuestra completa dependencia del Señor Jesús. Solamente con él y en él somos hijos de nuestro Padre celestial.

El que tiene una visión de las profundidades del amor de Dios, comienza a agradecerle. El que no le agradece no está impresionado aún, ni de la altura, anchura, profundidad y longitud de su amor. ¿Cuántas veces le agradeces? ¿Llegó tu vida a ser un agradecido por el amor de la santa Trinidad? ¿Dónde estás en tu vida de resurrección? Memoriza muchos versículos de este capítulo, para que guíen tu corazón hacia el agradecimiento y la adoración del Padre y del Hijo en la disciplina del Espíritu Santo.

ORACIÓN: Padre celestial, te adoramos y te agradecemos porque te has mostrado también como nuestro Padre por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo. Perdónanos por no vivir continuamente en este conocimiento. Ayúdanos para que todo lo que hagamos, pensemos y hablemos, se dirija a ti y a tu Hijo por la guía de tu Espíritu, y que muchos no creyentes lleguen a tener también este privilegio. Amén.

PREGUNTA:

  1. ¿Cómo podemos hacer todo para Jesús y agradecer a nuestro Padre?

Todo,lo que hacéis,
sea de palabra o de hecho,
hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,
dando gracias a Dios Padre por demis de él.

(Colosenses 3:17)

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