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COLOSENSES - Cristo en vosotros, la esperanza de gloria
Meditaciones acerca de la epístola del apóstol Pablo a la iglesia en Colosas

Parte 3 - ¿Cómo está tu vida de resurrección? (Colosenses 3:1-17)

18. El elixir que mantiene a una iglesia con vida (Colosenses 3:16)


El apóstol a las naciones creía y había experimentado que las palabras de Jesús son “espíritu y vida” (Juan 6:63). Ellas mantienen a una iglesia despierta (bien viva). En el mismo momento que estas palabras llenas de poder se callan, la iglesia muere. Por eso Pablo exhorta a los ancianos de la iglesia en Colosas y en Laodicea darle entre ellos, mucha y amplia cabida a la palabra de Cristo . El que sólo come una vez a la semana y ayuna los demás días, queda medio muerto. El que cada mañana toma solamente un sorbito de la botella y traga rápidamente un pancito, a duras penas llega a horario a la escuela o al trabajo. Pero esto no es suficiente. Cada uno debería alimentarse diariamente con una buena comida y correspondiente merienda. Lo mismo sucede para la vida espiritual. El que solamente el domingo escucha una prédica, no muere espiritualmente, pero se mantiene medio muerto. El que cada mañana lee una corta porción de la palabra de Dios, recibe fuerza para pocas horas, pero esto no alcanza para todo el día. Deberíamos diariamente y varias veces tomar tiempo para escudriñar la palabra de Dios y escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Sobre todo deberíamos memorizar cada semana por lo menos un versículo, para que nuestro subconsciente se llene de poder. En nuestros días de tantas prisas, no alcanza leer solamente la palabra de Dios. El ruido de muchas voces, el destello de tantas luces de alarma y el brillo de la Televisión devoran la fuerza de concentración y tranquilidad interior de la persona. No debemos permitir ser vencidos por esta influencia.Debemos llenar nuestra alma con palabras memorizadas de Cristo. Entonces tendremos fuerza, consuelo, certeza y guía.

Nosotros los europeos nos hemos vuelto muy perezosos en memorizar y nos parece que con nuestros pensamientos podemos captar y analizar todas las cosas. Esa es una vana equivocación. Las palabras de Cristo abarcan lo terrenal como también lo celestial. Ellas iluminan el presente, pasado y futuro. Ellas nos revelan a Dios el Padre y nos cuidan de Satanás, el mentiroso y asesino. Haz un programa y memoriza 50 versículos de las palabras de Cristo en un año o algo más. Involucra a tu familia y a tus amigos en este esfuerzo y prepara recompensas para cada uno que aprende más de un versículo en la semana. Lo que uno lee o escucha en una prédica, olvida fácilmente, pero lo que uno ha memorizado con intensidad, queda para siempre. Jesús dijo:

“El cielo y tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán”

(Mateo 24:35)

Además Pablo recomienda a los líderes de la iglesia, no enseñar demasiadas cosas a la vez ni esperar demasiado de sus oyentes, sino sólo lo que puedan asimilar. Debemos ofrecer el evangelio y la ley de Cristo con toda sabiduría (Mateo 28:20). Hoy en día la mayoría de la gente sólo puede escuchar 8 minutos con atención una prédica o un discurso, después el cerebro se desconecta y sus ojos miran a lo infinito, sin embargo si el orador comenta un acontecimiento cautivador o algo para reír o para asustar, entonces el cerebro se conecta otra vez y el oyente escucha lo que se dice. Hace mucho se recomendaba que una prédica debía ser positiva, práctica, personal, primitiva (sencilla) y plástica (gráfica) para que todos la puedan entender. Se comenta que Martín Lutero dijo: “En el caso que en la iglesia esté sentado un alcalde, un general, un artista, padres, madres y niños, ¿hacia quiénes de ellos se debería dirigir el predicador con sus palabras?” Lutero mismo dio la respuesta: “A los jóvenes y pequeños, entonces también los demás entenderán lo que se quiere decir.”

Pablo dirigía sus palabras no solamente a los predicadores, sino a todos los miembros de la iglesia, para que se enseñaran y exhortaran mutuamente. Esta es una recomendación que se ha perdido bastante. El no sólo creía en la preparación teológica de un líder de la iglesia, sino en la inspiración personal del Espíritu Santo a los miembros en particular, y su capacitación con distintos dones espirituales. Aquel que había experimentado algo con Cristo y su Espíritu, tenía que compartirlo y testificarlo. A nadie se debía subestimar comparándolo con otro. Nadie debía creerse mayor o pensar que todo lo sabe o conoce. Nos necesitamos mutuamente. Muchas veces el Espíritu Santo revela a los más sencillos en la iglesia grandes verdades, como Jesús lo declara en su oración: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Mateo 11:25.26). Deberíamos meditar mucho acerca de esta oración, para pensar y entender que muchas veces los despreciados y pequeños en una iglesia tienen más para decir que los famosos, ricos e instruídos. Tenemos que aprender a escucharnos mutuamente y a aceptar también otras opiniones, mientras que armonizan con nuestro credo del trino Dios.

Después Pablo declara el cántico en la iglesia y en la casa como método importante para expresar entendiblemente la verdad y el consuelo de nuestra fe, para compartir y testificar ésto con otros. Feliz aquel que memorizó muchas estrofas de himnos espirituales de los autores como Pablo Gerhardt, Federico Hiller, Martin Lutero y otros poetas fundados en la Biblia. Ellos contienen testimonios y oraciones auténticas que otorgan fuerza para creer, amar y esperar; asimismo cuando hay debilidad física, como en tremendos sufrimientos y desesperación. En la eternidad veremos que estas verdades preciosas de los poetas guiados por el Espíritu Santo son mucho más valiosas que lo que Goethe, Schiller y Germán Hesse han dicho. Las nuevas y atractivas canciones de alabanza tendrían que orientarse mucho más en el crucificado y resucitado Señor que en el amor indefinido, la armonía y un Dios desconocido. Pablo dice puntualmente: “¡pero nosotros predicamos a Cristo crucificado!” (1.Corintios 1:23).

El que sabe cantar, que cante canciones de fe también en su casa, en la familia o junto con su esposa o esposo. Al cantar se involucran el cuerpo y el alma, liberándose en armonía para Jesús. Una canción puede unir a la iglesia en una sola voz. Ahí vale la regla: ¡El que sabe hablar, también sabe cantar! El que piensa que no puede cantar, que entonces tararee en su corazón. El pastor Guillermo Busch dijo una vez: “¡Necesitamos y pedimos un corazón con talento musical para nosotros y todos los seguidores de Cristo!” En las noches de bombardeo en la segunda guerra mundial, en el refugio antiaéreo subterráneo, las canciones espirituales de su familia calmaban y consolaban en medio del ensordecedor estallar de las bombas.

Muchas canciones y salmos pueden ser una ayuda para nuestra fe. En esto deberíamos ejercitarnos dando prioridad al agradecimiento hacia Dios. Estamos en peligro de pedir demasiado, pero agradecemos muy poco a Jesús y a su Padre por su amplia y continua ayuda que nos dan (Salmo 103:1-2). Nuestra mezquindad en el agradecimiento y distracción, después de haber recibido una gracia especial, nos obstaculiza en el crecimiento espiritual. Por eso Pablo nos exhorta tres veces en el capítulo tres de su espístola a los Colosenses (3:15-17) a ser agradecidos. Alguien preguntó a un anciano de la iglesia por qué siempre irradiaba paz, gozo y consuelo, aunque en su familia había mucha necesidad, entonces contestó: “ Me levanto a la mañana antes de los demás y comienzo a agradecer por el aire, el sol, el agua, el trabajo, por cada bendición, por la fuerza, por la protección sin haber conocido el peligro, por todo lo que Jesús ha sufrido por nosotros y por lo que hoy hace y por el consuelo del Espíritu Santo. Entonces mis problemas amargos se menguan y mi corazón queda libre y agradecido.”

ORACIÓN: Padre celestial, te agradecemos que llegaste a ser nuestro Padre por medio de Jesucristo. Te adoramos porque tu único Hijo murió por nosotros y nos reconcilió contigo. Te alabamos por la vida del Espíritu Santo en nosotros y te pedimos que tengamos un corazón que sepa cantar, así como lo deseamos para nuestros amigos, para que tu alabanza crezca en las casas y en las iglesias. Amén.

PREGUNTA:

  1. ¿Cuántos versículos bíblicos ya has memorizado? (¡Arrepiéntete y preserva con todas tus fuerzas, más versículos en tu corazón para tu propio provecho!)

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