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COLOSENSES - Cristo en vosotros, la esperanza de gloria
Meditaciones acerca de la epístola del apóstol Pablo a la iglesia en Colosas

PARTE 1 - Los fundamentos de la fe cristiana (Colosenses 1:1-29)

6. Cristo la cabeza y el redentor de la iglesia ante Dios (Colosenses 1:18-23)


COLOSENSES 1:21-23
21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; 23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo.

¿Has experimentado la completa salvación?

Pablo declaraba a los miembros de la iglesia en Colosas con fraternal franqueza, que ellos se habían criado en una sociedad sin Dios, lejos de la iglesia de Jesús y en otra manera de pensar de lo que enseña el evangelio. En realidad ellos eran enemigos del Hijo de Dios, negaron su deidad y su redención, o no les importó quien era él. Sus malas acciones que resultaban de su terrenal manera de pensar aumentaban vez tras vez. Deberíamos leer con mucha atención la lista de pecados, que Jesús y sus apóstoles mencionan con preocupación espiritual, para darnos cuenta que nuestros pecados del pasado y del presente se aumentan como la arena en la orilla del mar (Lucas 16:19-31; 18:9-14; Romanos 1:28-32; 3:9-20; Apocalipsis 21:8; 22:11.15 y otros).

El mayor problema en el reconocimiento de pecado no es la falta de circuncisión o el descuido del día de reposo, sino el extremo egoísmo dentro de cada hombre y la hipocresía de muchos creyentes, que niegan o se olvidan de sus pecados. Feliz de aquel pecador, que reconoce tanto la santidad y el amor de Dios y de su Hijo, como sus parámetros y que nosotros realmente hemos fracasado. Esto se debe confesar de corazón, mencionando las malas acciones, avergonzándonos delante de Dios, pero pidiendo el perdón con esperanza.

Pablo asegura también, al criminal más grande, si realmente se arrepiente de sus pecados, que Jesús le ha reconciliado con su Padre por medio de su sangre derramada y su muerte en la cruz. Su reconciliación es válida para cada persona y en todo tiempo.

Al mismo tiempo Pablo atestigua que el perdón de pecados no es la meta final de la muerte expiatoria de Cristo, sino la purificación y santificación de los creyentes en todo su carácter. La santificación de nuestra vida por medio de la sangre de Cristo y el poder del Espíritu Santo, es imprescindible. El Señor Jesús nos quiere presentar delante de él intachable, irreprensible e íntegro. Toda la vida del pecador arrepentido debe ser renovada. Este es el propósito de la gracia y la demanda de Cristo, e incluye la necesidad de la autonegación en el poder de su amor (Efesios 5:27). Esta renovación requiere tiempo. Se puede comparar al hecho de desvestirse del viejo hombre y vestirse del nuevo, que es Jesús. Los frutos del Espíritu Santo no crecen en segundos, pero sí, en forma silenciosa, continua y por el poder de lo alto.

¡Manténte firme en la fe!

Pablo era un hombre sensato. El sabía que todas las descripciones de la gloria de Cristo, de su bondadosa gracia, nuestra reconciliación con Dios por medio del sacrificio expiatorio de Jesús y nuestra santificación por la renovación de nuestra mente, dependen de un fino hilo atado a una persona. Por eso escribió a los colosenses: Todo lo que les propuse, les pertenece hoy como propiedad espiritual, en el caso que permanezcan unidos a Jesús, el único y verdadero Mesías; así como la rama está unida a la vid. Si se dejan llevar por cuentos religiosos o mentiras interesantes, alejándose de la confianza en la gracia de su Salvador, e intentan con sus propios esfuerzos conseguir su salvación, perderán la fuerza de Dios. Aquel que piensa alcanzar ganancias eternas por medio de buenas obras o guardar mandamientos especiales o a través del contacto con ángeles u otros espíritus, se equivoca tremendamente. Por lo tanto, éste, no ha reconocido la profundidad de su propia maldad, ni la santidad de Jesús o la imposibilidad de reemplazar su sacrificio expiatorio por otra cosa, aquel queda fuera de la gracia. La relación de fe con el resucitado en el poder del Espíritu Santo es nuestra vida eterna. El que se aleja, pierde la esperanza segura de la vida espiritual. Sólo Jesús es nuestro Redentor, el Señor protector y la garantía de nuestra gloria preparada junto a nuestro Padre celestial.

Manténte firme en la fe,
entonces Dios nunca te dejará caer.
¡El cumple su promesa!

Pablo describe su mensaje de salvación como un evangelio, que los colosenses habían escuchado a través de terceras personas. La palabra “evangelio” en aquel entonces se usaba para noticias especiales de la casa del César, cuando por ejemplo si le había nacido un hijo, o sus tropas conseguían una victoria. Jesús y sus apóstoles volcaron su buen mensaje de la llegada del Hijo de Dios y de su victoria en esta palabra. En ese caso no se trata de una filosofía, sino de relatos auténticos, que se pueden recibir con gozo o rechazar con enojo. Los colosenses han escuchado de la victoria de Jesús, han creído en él y han experimentado personalmente, que el poder de la gracia de Jesús creó en ellos nueva vida y esperanza consoladora. Pablo y sus colaboradores lucharon espiritualmente por esa iglesia, porque fanáticos judíos, que eran fieles a la ley mosáica, querían convencerles, que la fe sólo en la gracia no alcanza, sino que había que cumplir toda ley para ser justificado.

Al mismo tiempo el apóstol testificó a los pueblos no judíos, que su evangelio se predicara en todo el imperio romano, no sólo por él personalmente, sino también por otros creyentes renacidos, que glorificaban a Cristo en el poder del Espíritu Santo en todas las regiones. El reino espiritual del Hijo de Dios se imponía de esta manera en forma incontenible. Aunque Pablo permanecía por mucho tiempo en su prisión preventiva, su fe traspasaba los muros y hierros, él echaba mano a la omnipotencia de Cristo y no le dio descanso hasta que haya bendecido a las nuevas iglesias.

Hoy un tercio de la población mundial se denominan cristianos. El poder del evangelio no ha menguado. El que cree en Jesús, es llamado, equipado y guiado, para llevar las realidades del evangelio como su siervo, con corazón ardiente, a los que aún no le conocen.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, te agradecemos y te alabamos porque nos santificaste y nos despertaste a la verdadera fe, habiendo sido rebeldes. Manténnos también en tiempos difíciles en completa confianza en ti y afirma la eterna esperanza que preparaste para nosotros y todos tus seguidores. Amén.

PREGUNTA:

  1. ¿Cómo podemos ser fortalecidos y afirmados en nuestra fe en Jesús?

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