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COLOSENSES - Cristo en vosotros, la esperanza de gloria
Meditaciones acerca de la epístola del apóstol Pablo a la iglesia en Colosas

PARTE 1 - Los fundamentos de la fe cristiana (Colosenses 1:1-29)

6. Cristo la cabeza y el redentor de la iglesia ante Dios (Colosenses 1:18-23)


COLOSENSES 1:18
Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.

En el oriente se usa a veces la palabra “cabeza” también para un regidor que tiene autoridad y poder para realizar sus propósitos. Nadie puede tomar su lugar. El sólo determina lo que se hace.

El concepto “la cabeza de la iglesia” incluye un significado aun más profundo. Pablo experimentó ante Damasco que su glorioso Señor le preguntó: “¿Por qué me persigues?” (Hechos 9:4). Primero Pablo no entendía lo que significaba esta demanda ni conocía a aquel que le hablaba. Cuando Jesús le declaró su nombre y de nuevo lo acusó: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”, el que se cayó a tierra, reconoció de repente el impresionante misterio: “¡Jesús vive! El y su iglesia son una indisoluble unidad”. Pablo había pensado que el crucificado estaba muerto, descomponiéndose en la tumba. Pero ahora lo estaba viendo glorioso, de pie delante de él.

Saulo, el joven Pablo, había tratado de exterminar a los seguidores del crucificado, para evitar una separación de la congregación judía, pero el resucitado le dijo que no solamente estaba persiguiendo a sus seguidores, sino que le estaba maltratando y torturando a él mismo. Así Pablo comprendió en el momento, que el Señor Jesús y su iglesia son una inseparable unidad, semejante al cuerpo de una persona y su cabeza. Todo lo que sufre la iglesia de Cristo, lo siente en primer lugar, su cabeza espiritual.

Esta unidad descansa sobre el amor divino en el Espíritu Santo. Después que los creyentes habían recibido al Espíritu Santo ya no eran pecadores mortales, sino llegaron a ser hijos purificados de Dios. Jesús, engendrado por el Espíritu Santo y sus seguidores renacidos, armonizan a través del mismo Espíritu en una unidad espiritual. El es su cabeza, ellos son sus miembros, que se complementan mutuamente, pero hacen sólo aquello que su cabeza les impone y manda.

En sus cartas Pablo señaló varias veces este misterio y propósito fundamental del plan de salvación de Dios, que le fue revelado especialmente a él (Romanos 12:4-8; 1.Corintios 12:4-31; Efesios 1:22; 4:15-16 u otros). Quien lee estos testimonios de Pablo, debería preguntarse: ¿Soy un miembro atractivo, atento y misericordioso en el cuerpo espiritual de Cristo? ¿Quién agradece a Dios el Padre, por el privilegio de poder vivir y sufrir en esta santa unidad con Jesús?

¡Jesús resucitó de los muertos! El no era solamente el primero con Dios antes de las incontables criaturas, sino él es también el principio de todos los que viven eternamente. Jesús ha vencido el pecado, a Satanás y a la muerte. Al maligno, no le fue posible seducir a Jesús, que cometiera ni una sola maldad. Su resurrección señala, que el hijo de María era santo e inocente, que Dios aceptó su sacrificio expiatorio, y que la vida eterna en él, nunca muere. La victoria de Cristo sobre las potencias del mal y el hecho de que la ira de Dios fue aplacada y jurídicamente aprobada, significa el nacimiento de una nueva época. El primogénito de Dios, su Padre, es también el primero, quien corporalmente resucitó de la muerte, después de la caída del hombre. Por eso las iglesias del este lo llaman el primogénito de los muertos.

En las iglesias ortodoxas, la Pascua, es la fiesta cristiana más grande e importante. Se festeja la victoria de Cristo y la manifestación de la vida eterna en su persona. El autor de la vida irrumpe en nuestro mundo mortal y transforma pecadores espiritualmente muertos, en santos vivientes, en el caso que le confíen y permanezcan en el organismo de su cuerpo. ¿Te regocijas con todos los creyentes por la victoria de Cristo, viviendo en su Espíritu, o estás todavía muerto en pecados, orgullo y arrogancia?

ORACIÓN: Padre, te agradecemos por tu inmensa gracia, que nos hizo miembros del cuerpo espiritual de Cristo. Haz que seamos siervos activos en este cuerpo de misericordia, para que obedezcamos siempre y con gozo a nuestra cabeza espiritual y hagamos lo que él quiere. Aviva a muchos que todavía están muertos en pecado, para que sean incorporados en tu Hijo. Amén.

PREGUNTA:

  1. ¿Estás viviendo según la voluntad de tu propio corazón o te has sometido gozosamente a tu cabeza espiritual?

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