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COLOSENSES - Cristo en vosotros, la esperanza de gloria
Meditaciones acerca de la epístola del apóstol Pablo a la iglesia en Colosas

Parte 2 - El conocimiento del misterio de Cristo protege de falsas doctrinas (Colosenses 2:1-23)

13. Precaución por falsa legalidad y visiones antibíblicas (Colosenses 2:16-23)


COLOSENSES 2:16-23
16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. 18 Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, 19 y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. 20 Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si viviéseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21 tales como: No manejes, ni gustes, ni aún toques 22 (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23 Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

Jesús distendió los mandamientos de alimentación para nuestra salud de la ley mosáica y dijo: “11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” A sus discípulos dijo más tarde: “17 ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? 18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.” (Mateo 15: 11.16-20).

Las palabras de Jesús no anulan las reglas naturales de alimentación. En el clima caluroso del oriente próximo, no es sano comer carne de cerdo o de animales carroñeros. Quien toma vino u otra bebida alcohólica en el calor, se le debilitarán partes del cerebro. El que come sin haberse lavado las manos, se infectará fácilmente con diferentes bacterias. El que fuma cigarillos, tendrá problemas con sus pulmones. Todo esto se tendrá que evitar por amor a la salud. Pero la contaminación religiosa de la persona no ocurre por alimentos o bebida, sino que es originada por la maldad del corazón y de la subconciencia. Malos pensamientos, orgullo, mentira e impurezas éticas, no tienen nada que ver con alimentos prohibidos, sino que resultan del pecado original en nosotros, que es más profundo de lo que nos imaginamos.

Respecto a los días de fiestas religiosas o feriados, domingos o días de reposo, Jesús libera a sus seguidores de una simple legalidad. El Señor en el nuevo pacto no santificó días o tiempos, sino a personas. No está bien llevar una vida de santidad y llena de gozo, sólo algunos días especiales, sino todos los días de nuestra vida deben ser santificados por su gracia. Pablo declara las ordenanzas del antiguo pacto respecto a diferentes días, como símbolos o sombras del mundo futuro, que ya se vislumbraba en Jesús. El sanaba a enfermos, con su palabra de autoridad espiritual, aún en el día de reposo. En Jesús se hizo realidad el sentido y contenido de días festivos. Su justicia no depende de guardar días especiales, sino sólo de la relación de fe con el Cordero de Dios (Juan 14:6; Hechos 4:12; Apocalipsis 7:10).

Jesús nos dio participación con su victoria por nuestra fe, no por guardar ordenanzas y leyes. Por eso tampoco debemos impresionarnos por testigos brillantes que dicen haber recibido visiones, sueños y órdenes de ángeles o de espíritus de muertos. El que predica otro evangelio que lo que testifican Pablo y los otros apóstoles, está bajo la ira de Dios (Gálatas 1:8.9). El que cree haber recibido visiones, mensajes y revelaciones agregados al evangelio e incluso se alaba por falsa humildad, está bajo la sospecha de ser alguien arrogante. Nuestros mandatos y ánimo vienen directamente de Jesús, nuestra cabeza. El determina y controla lo que es verdad. De él sólo viene nuestra fuerza, originada de su gracia. Su evangelio mantiene unida la iglesia y estimula su crecimiento que resulta del obrar de Dios.

Pablo escribe que las ordenanzas humanas, no influyen en nuestra relación íntima con Cristo. Vivimos en él y con él en otro nivel espiritual. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Las leyes terrenales no sirven para nuestra justificación y santificación. La salvación fue cumplida en la cruz de Jesús, sin nuestra intervención. Ordenanzas eclesiásticas, como también alimentos prohibidos, vestimenta especial, ayunos, peregrinaciones, impuestos, celibato y confesión, que se proclaman como leyes para conseguir la salvación, son terrenales e inútiles. Estas disminuyen la salvación en Cristo, que él ya ha concluido y realizado en sus seguidores.

ORACIÓN: Padre celestial, te agradecemos por medio de Jesucristo, tu Hijo, que nos has dado tu salvación sin nuestros esfuerzos, sólo por gracia. Guárdanos de enseñanzas, leyes y visiones agregadas, para que sólo Jesús siga siendo nuestro Salvador y no la propia santificación por ordenanzas que disminuyen su gracia o incluso la destruyen. Ayuda a los responsables de las iglesias, que no enseñen otra salvación, sino la que es por la sangre de Jesús y en su Espíritu. Amén.

PREGUNTA:

  1. ¿Por qué luchaba Pablo contra los fanáticos de la ley, los espiritistas y los que veneraban ángeles y espíritus de muertos?

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad (Col.2:8-10).

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